TRENZANDO

Errar es humano, pero no seáis coñazo

¿Qué haces cuando tienes insomnio? Das vueltas en tu cama y en tu cabeza. “Deberías intentar dormir”, te repites. “Deja de hablar contigo misma”, te regañas. Pero estas vanas frases no son somníferos y decides ver del tirón las dos películas a las que la familia Panero debe gran parte de su fama de fin de raza: El desencanto de Jaime Chavarri y Después de tantos años de Ricardo Franco. En esta última, Michi, el hombre que casi conoció a Nacho Vegas, célebre por la frase En esta vida se puede ser de todo menos coñazo ”, afirma, consumido por el alcohol, el tabaco, la enfermedad y los recuerdos, que “Lo que es un error es la vida. Recién nacido, debías suicidarte. La memoria es un mal. Te recuerda constantemente que te estas muriendo” .

Nacer y morir son un dolor y puede que un error; pero el tiempo intermedio, que es el que verdaderamente constituye la “vida”, es una maravilla. Tienes el vino, las noches de verano, el sexo, el mar, la filosofía de Spinoza, la poesía de Elliot o de Borges, la música de Mozart o de The doors, las películas de Hitchcock o de Curtiz, ciudades como La Habana o Roma, el Louvre, los nigiris de pez mantequilla y trufa o el jamón serrano. Y, sobre todo, a las personas.

“Nadie elegiría vivir sin amigos aunque tuviera todos los demás bienes”, Aristóteles.

Eso sí, la vida está llena de errores. Todos nos equivocamos. Con mayor o menor frecuencia. Consciente o inconscientemente. En lo que hacemos y en lo que no hacemos. Y, por supuesto, en lo que pensamos. Es más, si las estadísticas dicen que hay un 50% de probabilidades de que nos equivoquemos, la realidad demuestra que este porcentaje es bastante mayor. Las leyes de Murphy nunca fallan. Los aciertos son tan raros que, si algo sale bien, ni lo tocamos; y el éxito, hoy en día, sólo lo consigue el Estado en las subastas de deuda pública.

Yo soy un desastre, una digna sucesora de Eva. Colecciono meteduras de pata, malas decisiones y pequeños fracasos cotidianos. Pero algunos han dado lugar a buenas historias (contar mis miserias suele divertir a la gente) y otros, a grandes lecciones.

Y esto es lo importante: lo que haces con tus errores. Puedes quedarte en casa quejándote y llorando, bebértelo todo, darte a las drogas, deprimirte, volverte un cínico… y, si eres un Panero, montar de eso tu vida. Lo que, déjenme decirles, es el mayor de los coñazos. O tomar los errores como un ejemplo negativo, evitando derrumbarte, y seguir adelante. Ustedes deciden.

13 comentarios el “Errar es humano, pero no seáis coñazo

  1. Miguel
    22 marzo, 2013

    Por aquí somos muy dados a derrumbarnos ante el fallo o el fracaso, unos dicen que gracias a nuestra herencia judeocristina. Yo no llego tan lejos en mis análisis, pero sí creo que uno de los mejores dichos que tenemos en castellano es ese que dice: “lo que no mata, engorda”.
    No nos queda otra. Ahora más que nunca, hay que aprender de los errores y no andar martirizando al prójimo con los propios, que ya tendrá él bastante con los suyos.

    • Trenzando
      22 marzo, 2013

      Exacto. ” Lo que no mata, te hace más fuerte” y hay que evitar las quejas y llantos porque “mal ajeno, a nadie le importa un bledo” (este es uno de mis dichos favoritos🙂 )

      Gracias por comentar, Miguel.

  2. JC Alonso
    22 marzo, 2013

    Michi, sabía beber, fumar, fundir, reír y llorar. Tuvo la desgracia de tener una familia ultrasnob. Un padre endiosado, una madre autocomplaciente, un hermano genio y esquizofrénico. ¡Ah, y el otro el afrancesado; un enamorado de la pasta! Cuántas copas con el bueno de Michi…Gran Maragato, in memoriam

    • Trenzando
      22 marzo, 2013

      ¡Qué afortunado! Debía tener un atractivo especial. Aunque en “Después de tantos años, da un poco de pena. Poco se ha escrito sobre él. Me quedo con tus palabras y esta descripción de Marta Moriarty publicada en el El Mundo, el día después de su muerte. ,

      “Era impertinente y caprichoso, dulce en privado. Cáustico en público, lleno de contradicciones, miedos y supersticiones…Era el rey de la nomenclatura, poseía un ingenio rapidísimo y unos rizos espléndidos en su pelo prematuramente blanco, un raro sentido de la elegancia y una fragilidad que le hacía peligroso como a todo animal asustado. ..Si tuviera que escribirle un epitafio diría “Aunque lo intentó, nunca hizo mal a nadie”

  3. Carlos
    22 marzo, 2013

    Tu blog se está deslizando por la peligrosa pendiente que conduce al infumable mundo de la autoayuda. Quedas avisada.

  4. La Biperina Folclorica
    23 marzo, 2013

    Vamos a ver. Cuando hay disgustos o errores suelo darme cabezazos o apretar los ojos tanto que me desmaye. Así soy yo. A veces, como dice mi amiga, una tia rollos. Pero no hay nada mejor que contar las cosas malas con una pizca de gracia para que alguien diga: ¡¡Y yo que me quejaba!!

    La Biperina Folclorica

    • Trenzando
      25 marzo, 2013

      Jajajaja. ¡Te sobra gracia, Biperina! ¡Eres grande!

  5. Bettina Brentano
    25 marzo, 2013

    Perdóname el offtopic, Marta; es que la he visto y me he acordado de ti: http://www.tendencias21.net/neurociencias/Francisco-J-Rubia-en-TV3-El-yo-es-una-ficcion-cerebral_a25.html

    (El desencanto me parece fascinante)

  6. José Lépez.
    27 marzo, 2013

    Lo verdaderamente trágico sería no equivocarse nunca. O sólo un poquito. O de vez en cuando nada más. O en las cosas menos importantes de la vida. ¿Qué sería de Dios entonces, que según ha dicho el Papa Francisco nunca se cansa de perdonar?

  7. Lodeciamiabuela
    5 abril, 2013

    me parece profundamente cínica y derrotista la siguiente afirmación: el éxito, hoy en día, sólo lo consigue el Estado en las subastas de deuda pública. Sí, se que lo dices con elevadas dósis de sarcasmo pero aún así, entre broma y broma la verdad se asoma. El éxito es la contrapartida del fracaso, y viceversa. Igualmente los errores son la contraparitda de los aciertos, y viceversa. Como el día y la noche, para que haya de uno, tiene que haber de otro.

    El éxito es del que intenta y el que intenta se equivoca hasta que acierta. Y después de acertar una vez, hay que seguir equivocándose, una, mil, dos millones de veces, hasta volver a acertar. Ad infinitum.

    Y esto nunca me lo dijo mi abuela, lo aprendí intentando, equivocándome y acertando.

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Esta entrada fue publicada en 21 marzo, 2013 por en Sin categoría y etiquetada con , .
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