TRENZANDO

Lecciones del mar

¿Quieres saber cómo lo hice? Así es como yo lo hice, Anton. Nunca he guardado nada para el regreso. Gattaca.

Y, por no guardar nada, casi muero.

Fue un verano hace un par de años. Estaba en la playa tomando el sol cuando se acercó a saludarme un amigo de mi padre. Pepe vive retirado en un pueblo de la sierra de Cádiz, leyendo, pintando y cuidando de sus caballos. Como espíritu libre, dejado y alejado de la mano de dios, tiene el pelo más largo de lo que es políticamente correcto para sus 58 años.

Algunos le consideran un tanto loco. Pero a mí, me cae francamente bien pues siempre me arranca sonoras carcajadas con sus hazañas cómicas como aquella vez que, tras pasar la noche en el casino de San Roque, se encontró conduciendo con un control de la Guardia Civil en mitad de la Autopista del Mediterráneo y decidió huir. La Benemérita le persiguió. Asustado y no sabiendo que hacer, Pepe paró en la primera gasolinera y se cambió al asiento del copiloto.

– Pepe, hombre… ¿cómo no te has parado a saludarnos?

– Es que no conducía yo.

– Y ¿quién conducía?

– Un tío del que me he hecho amigo en la mesa de Blackjack. Un guiri de Gibraltar.

– Y ¿dónde está?

– El muy hijo de puta se ha ido a mear y me ha abandonado aquí. No sé que hacer. Me he tomado una copa y no me atrevo a conducir. ¿Me acercan ustedes a casa?

Pepe, naturalmente, dio con sus huesos en el calabozo. No era la primera vez. Los excesos en las barras de cualquier bar hacen amigos raros, entre otros, la Guardia Civil.

Además de por su ingenio canalla, Pepe era célebre por ser un brillante nadador. Se daba todos los días del año, lloviese o nevase, un baño en la playa. Mis 24 años y mi ego más competitivo no pudieron resistir la tentación de retarle. ¿Apostamos una coca-cola a ver quién llega antes a la boya?

Dicho y hecho. 3,2,1. Preparados, listos y, antes del ya, me zambullí de un salto en las olas. Batía las manos y las piernas tan rápido que parecía que estaba montando el agua a punto de nieve. Cada cuatro o cinco brazadas, asomaba la cabeza para coger aire y mirar de reojo a mi rival antes de volver a sumergirme. Mantuve un ritmo constante hasta que, en los últimos 20 metros, me empezaron a flaquear las fuerzas pero mis manos milagrosamente tocaron primero la esfera roja.

A la vuelta, el crol degeneró en braza para acabar convirtiéndose en estilo “perrito”. Estaba tan agotada que no me respondían las articulaciones, ni siquiera los pulmones. Me dejé llevar por la corriente y empecé a tragar agua. No recuerdo si llegue a gritar “Ayuda. Me ahogo”.  No recuerdo casi nada. Pepe nadó hacía mí y, cogiéndome por el pecho, me arrastró a la orilla donde me hizo el boca a boca.

– Gracias, joder. Te debo la vida pero (………………………………………………..) te he ganado yo.

– De nada sirve ganar si después no vives para contarlo.

Cuanto más pienso en ello, tanto más me doy cuenta de que está muy bien este pensamiento dominante de “vivir el presente, el aquí y el ahora” pero es necesario ser prevenido, guardar algo de hoy para mañana y no apostarlo todo en un día. 

8 comentarios el “Lecciones del mar

  1. Carlos
    21 enero, 2013

    Digámoslo ya: fingiste el ahogamiento para recibir un boca a boca de un madurito que te hacía reír. Pillina.

  2. Juan Tallón
    21 enero, 2013

    Lucky Luciano era todavía más contundente cuando decía que “En cualquier negocio, lo más importante es no ser el muerto”.

    • Trenzando
      21 enero, 2013

      Apunto la frase. Es verdad. De nada sirve ser la más rápida del cementerio.

      Gracias, Juan.

  3. Alicia V.
    25 enero, 2013

    Está bien recordar anécdotas como esta de vez en cuando y seguir nadando a nuestro ritmo, que como dice el anuncio de tráfico “lo importante es llegar”.
    Por cierto, es la caña este Pepe!!
    (Pero cómo me gusta la forma en que escribes)

  4. Pati
    5 febrero, 2013

    No sé pq no había leído este post. Me encanta, amiga. Sigue así.

  5. aventurer@sentimental
    22 febrero, 2013

    ¡Discrepo, señoría!
    Me ha encantado la historia, por cierto. Pero me ha recordado un montón a la peli “Hacia Rutas Salvajes”. El ejemplo es el mismo.
    Una cosa es Carpe Diem y otra, vivir inconscientemente. Haz lo que te pida tu instinto y disfruta el momento, claro que sí. Apuraste tus fuerzas para llegar a la boya y ganaste. ¡Felicidades! Pero al regresar, disfruta de ese triunfo, nada hacia atrás, mientras contemplas el cielo y bajas el pulso… ESO es Carpe Diem. Lo otro es, si me lo permites, desperdiciar energía como si no hubiera un mañana, “a lo loco”. Y, aun así, ya ves que la vida te puso al lado a un “ángel de la guarda” para rescatarte… Sigo convencida de mi filosofía del Carpe Diem🙂

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Esta entrada fue publicada en 21 enero, 2013 por en Relaciones y etiquetada con , , .
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