TRENZANDO

Cicatrices e historias

Dice mi madre que tengo que acordarme del día de Reyes de 1988 pues me trajeron un tutu de ballet que por no quitármelo me duchó con él y una cocinita con sus cacharitos y comida de plástico que era una maravilla. Pero el primer recuerdo de mi vida se sitúa un poco después y es una fotografía en rojo y blanco. Goterones de sangre sobre el lavabo. Lo que pasó antes me lo han contado cientos de veces. Tenía 3 años y jugaba con un palo de golf de juguete. Me lo metí en la boca. No intenten saber el porqué. Hablé con Freud y no lo sabe. Me caí y casi me rompo el paladar. Y es que los accidentes como este o las penas como que, al mes siguiente, nos dejara la tata suelen impresionarme más que una loncha de jamón serrano de Imaginarium por mucho que tenga mejor pinta que el de sobres del Mercadona.

No es la única cicatriz que tengo. De mi niñez guardo una linea recta en la parte interna del tobillo derecho que me hice una tarde de verano con el radio de una bicicleta y que curamos con betadine. Esta sustancia petrolífera y un “No ha sido nada. Levántate y no llores”  han sido el botiquín de mi generación.

En general, las cicatrices de la infancia suelen mostrarse como una medalla de esa pelea en el patio del colegio o de ese partido de fútbol que ganaste. Pero mi condecoración es diferente. Un punto en la mano izquierda me enseñó el precio de la lealtad y que la porcelana de LLadró además de ser feísima es una hija de puta que corta como una navaja. 

Teníamos en casa una figurita kirsch de esta firma, una bailarina en una postura imposible, que probablemente había sido un regalo de bodas. Mi hermana la rompió sin querer o eso me contó entre lágrimas. Yo rápidamente asumí el rol de hermana mayor, recogí los pedazos, enterré el cadáver y guarde sepulcral silencio en el interrogatorio posterior:

– ¿Quién ha sido?

– Nadie
– Pues no veo a nadie por aquí.

Obviamente, no lo ves. Nadie es el que siempre asume las culpas en una familia. A parte, un breve apunte. Ser hijo mayor es una de las cosas más difíciles que existen. Los primogénitos, a nuestro pesar, llevamos grabadas en nuestra frente las palabras modelo y responsabilidad.

Y mis otras dos cicatrices son ejemplo de lo que no se debe hacer. Una quemadura en la rodilla de un encuentro carnal en una afombra y un garabato en la tibia de una caída por las escaleras una noche que me echaron alcohol en la bebida y que hizo que, a la mañana siguiente, mi cama pareciera el escenario de un asesinato. El guionista de mi vida, si existe, seguro que es alguien decadente con un sentido del humor especial que se encuentra en un pequeño bar, mareando una copa y atusándose el pelo.

Hay una verdad elemental en todas ellas. No son mi historia. Sólo están ahí para recordarme historias aleatorias. Historias buenas y malas. Historias reales matizadas por el paso del tiempo pues, aunque pueda, al ver las cicatrices, viajar en un instante al momento en el que se produjeron, son la memoria de una niña o adolescente que fui y que ya no soy.

Ah, y las cicatrices invisibles. Nada me parece más tierno que hablar de asuntos del corazón pero no lo haré pues eso sería más pornográfico que desnudarme. Estas heridas hay que aceptarlas, perdonar los agravios, olvidar las infelices ilusiones y los triunfos temporales del amor, alegrarte por haber sido bueno, sincero y fiel y no caer en el autoengaño de “no me voy a volver a enamorar”. 

7 comentarios el “Cicatrices e historias

  1. “un garabato en la tibia de una caída por las escaleras una noche que me echaron alcohol en la bebida…”. Que acabó con muletas jajajajaaja Cómo reí al verte, lo siento, pero tus caídas (mientras no te hagas daño de verdad) son cada vez más graciosas.

    • Trenzando
      3 enero, 2013

      Qué bueno que te acuerdes de mis muletas!

      Mis caídas son de pérdida inmediata de dignidad y micro infarto cardíaco pero dan lugar a buenas historias y a muchas risas como sabes. Además estoy ya tan acostumbrada que, cuando me pongo en pie, tengo preparada una frase: “Gracias suelo por impedir que caiga más bajo”

  2. vICO
    3 enero, 2013

    Martu sos lo mas!

  3. Mdelabahia
    3 enero, 2013

    Cada día me sorprendes más.
    Y está muy bien, porque es lo que inconscientemente espero al leer tus post.
    Un beso

  4. Tomate
    4 enero, 2013

    Muy buen blog, me quedo por aquí!
    También tengo un montón de cicatrices, que evidentemente no fueron producto de mi torpeza y que me gustan recordar para reírme un rato jaja

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Esta entrada fue publicada en 3 enero, 2013 por en Relaciones y etiquetada con .
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