TRENZANDO

La carta

Querido, así quisiera vivir siempre.

Levantarme muerta de cansancio para irte a buscar al aeropuerto. Recuperar sensaciones sencillas pero olvidadas: la añoranza de la distancia, la alegría del rencuentro, la tranquilidad de saber que todo está bien. Reducir nuestras necesidades a la risa. Almorzar en un silencio cálido y dulce, sin decir tonterías, sin excusarnos, sin mentir, sin andar con evasivas. Conocemos nuestros pensamientos mutuos. Nos tenemos el uno al otro. Nos amamos.

Tu hambre voraz da paso a una infantil somnolencia. “Creo que he comido demasiado” me dices bostezando y yo sustituyo el “lo sabía” por “vamos a dar un paseo”.  Recorremos los pasillos del Corte Inglés que tú tanto odias pero por los que yo me muevo con una seguridad natural que te activa y te relaja a la vez. Compró unas flores y harina para hacer un bizcocho.  Los dos sabemos que somos diferentes pero todo es más fácil si nos permitimos ser como somos.

Tienes sueño. Hace menos de 12 horas, estabas cantando borracho ” This must be the place”  en la recepción de un hotel en Brooklyn. Volvamos a casa. Te dejo dormir mientras yo escribo una carta.

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Esta entrada fue publicada en 9 diciembre, 2012 por en Relaciones y etiquetada con .
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