TRENZANDO

El WhatsApp. Réplica a Sostres.

Desde mi humilde opinión, hoy Salvador Sostres no ha sabido identificar bien la compleja problemática que existe detrás del WhatsApp. “El problema es que es gratis y que todo lo que no cuesta nada se devalúa”  En primer lugar, quién afirma que WhatsApp, Twitter, una bitácora como esta o Facebook es gratis, valora muy poco su pérdida de tiempo.

Las modernas herramientas de comunicación no “destruyen la sintaxis y la ortografía, la transmisión de valores, la jerarquía”  Lo que sucede es que estas no existen en la sociedad actual. Cuando enviábamos SMS, tampoco escribíamos mejor, ni cosas más interesantes. Al revés, escribíamos peor, cortábamos las palabras y prescindíamos de los puntos y comas, creando textos imposibles de entender para concentrar toda la información posible en un solo mensaje y ahorrarnos unos céntimos.

Cierto es que estos céntimos tenían un lado positivo: la moderación. Escribíamos menos y, cuándo estábamos aburridos, no enviábamos un OLA K ASES a toda nuestra lista de contactos sino sólo a nuestros mejores amigos. Y es que uno de los problemas que se esconde detrás del Whatsapp es el aburrimiento y la soledad. Hay estados de Facebook que podrían sustituirse por “Esto es una llamada de atención. Me aburro. Que alguien me hable“. Hoy en día quedarse sin batería en el móvil es lo más parecido a estar solo y al ataque de ansiedad y al fin del mundo. La alerta de “Le queda menos de un 10% de batería” supone volver a casa inmediatamente corriendo a por un cargador o mendigar uno en la oficina que, como si de un lexatín se tratara, te quita el estrés de la incomunicación.

Somos adictos al móvil y esclavos de la inmediatez. Tenemos que estar disponibles veinticuatro horas al día. Es común ver en los restaurantes mesas enteras más (de)pendientes del teléfono móvil que del plato que tienen delante o del comensal que está sentado enfrente. Disimulad un poquito. Seguro que no es tan urgente. Nos auto-engañamos pensando que contestar es una cuestión de vida o muerte, ahora o nunca y que si no lo hacemos inmediatamente el receptor se enfadará (cosa que a veces sucede). Un consejo aparte: hacer fotos a la comida y subirlas a Instagram no hace que esta sepa mejor.

Las tecnologías nos han idiotizado. Se valora más la vida 2.0 que la real hasta el punto de que la primera sustituye a la segunda, deshumanizándonos. Conozco novios que prefieren jugar al apalabrados cada uno desde su sofá que compartir una partida de scrabble. Ayer mismo yo casi me sorprendo proponiéndole a una amiga hablar por Skype en vez de quedar a tomar una caña.

Pero el mal uso y el abuso de la tecnología (del que somos todos culpables) no significa que haya que prohibirla como propone Sostres  “hay que abolir el acceso indiscriminado, la masa como protagonista de la sociedad, la cantidad como sustituta de la calidad”  A mí no me preocupa el acceso de las masas a la tecnología sino a la política o qué pensemos que los iphones y las redes sociales son algo natural, como el aire, y no un progreso maravilloso que sólo se consigue con grandes cantidades de dinero, esfuerzo y trabajo de ingenieros e informáticos que son considerados frikis, geeks, o parias sociales. Una incoherencia más de nuestra sociedad.

Como lo es la mojigatería (o provocación) del penúltimo párrafo del artículo “Facebook sirve para poco más que para follar. En Twitter cada vez se suscitan polémicas más absurdas y más alejadas de la realidad. Un ejército de tarados hablan en nombre de todo el mundo en lugar de tomar su medicación. Alguien voló sobre el nido del cuco.”  No voy a entrar porque no veo nada malo ni en en follar, ni en discutir. Al revés, me gustan bastante.

El artículo completo:

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/guantanamo/2012/12/04/el-whatsapp.html

4 comentarios el “El WhatsApp. Réplica a Sostres.

  1. Antonio Rodilla
    5 diciembre, 2012

    La tecnología, en concreto la del teléfono móvil, en efecto, ha generado una especie de dependencia. Sin embargo, también ha creado una expectación: lo que se espera de nosotros, que es, a su vez, lo mismo que esperamos nosotros de los demás. Así se explica que respondamos cuando nos llaman o que escribamos cuando nos escriben. En un elevadísimo porcentaje no será una emergencia, en efecto, pero terminamos actuando como nos gustaría que actuaran los demás cuando escribimos o llamamos nosotros. Y a ver quién rompe el círculo vicioso.

    • Trenzando
      5 diciembre, 2012

      Me han comentado en Twitter que hay gente que lo ha conseguido romper poniendo de estado de WhatsApp: “No respondo rápido”. Me parece sublime😉

      • Antonio Rodilla
        5 diciembre, 2012

        Muy buena. Un amigo mío lo ha roto contestando cuando le da la gana. Tanto las llamadas como los whatsapp. Llega un momento al que uno se acostumbra a que esa persona actúa así. Pero se le paga con la misma moneda.

  2. Beatriz Ariza Rossy
    27 mayo, 2013

    genial el blog, y muy buenas algunas reflexiones del artículo. Te comparto uno que escribí hace tiempo desde una perspectiva diferente, pero con algunos puntos convergentes: http://filocoaching.com/redes-sociales-un-nuevo-coche-por-aprender-a-conducir/ por si puede interesar! Beatriz

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Esta entrada fue publicada en 5 diciembre, 2012 por en Relaciones y etiquetada con , , .
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